Impacto del cepo sobre la economía

Por: Hernán Torre

El martes 28 de Octubre de 2014 se cumplieron 3 años desde la implementación de la primer batería de medidas tendientes a controlar la compra de divisas por parte del sector privado de la economía o, como nos acostumbramos a escucharlo en la TV o los medios, el “cepo cambiario”. La Resolución 3210 firmada en conjunto por el Ministerio de Economía y la AFIP (a través de sus representantes de ese entonces: Boudou y Etchegaray) fue el puntapié inicial para la restricción a la compra de divisas para atesoramiento por parte de cualquier individuo. Mediante esa nueva medida, se establecía un tope mensual a la compra de dólares, calculándolo (supuestamente) en base a un determinado porcentaje de los ingresos reportados al ente recaudador bajo declaración jurada. ¿Cuál era la intención de esta restricción al acceso de divisas para atesoramiento, desde la óptica oficialista? Combatir el lavado de dinero y el narcotráfico, ya que hasta ese momento cualquier persona con pesos en su poder podía realizar transacciones de compra-venta de dólares. Al mismo tiempo, comenzaba a dificultarse la remisión de utilidades al exterior por parte de empresas que querían transferir las ganancias obtenidas en sus operaciones a sus respectivas casas matrices: recordemos que en ese momento se encontraba en funciones Guillermo Moreno.

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A tres años de la decisión por parte del gobierno de imponer progresivamente restricciones a la dolarización de carteras de inversión, conviene repasar qué ocurrió con las diferentes variables económicas, intentando entender no sólo el impacto que tuvo el cepo, sino cómo responderían a un levantamiento del mismo, si es que ésto es posible de acuerdo a los objetivos del gobierno. Relacionado con este último punto, ha habido un cruce mediático entre economistas de la oposición y del oficialismo, respecto de la posibilidad de normalizar el mercado cambiario, relajando la demanda de divisas para el sector privado. Lo que conviene analizar no es si el fin del cepo es posible, sino cuál sería el precio a pagar (ahora o más adelante), ya que como bien sabemos los argentinos, los atrasos cambiarios no pueden mantenerse indefinidamente.

Pero vayamos por partes: a continuación una serie de gráficos con la evolución de las principales variables macroeconómicas del país, a partir de 2009:

  1. Crecimiento económico
  2. Reservas Internacionales
  3. Balanza comercial
  4. Cuenta Financiera y de Capital
  5. Desempleo
  6. Inflación

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Sin embargo, hay que dejar en claro que la evolución de todas estas variables no se debe pura y exclusivamente al cepo cambiario. Sería un reduccionismo erróneo atribuir todas las causalidades del crecimiento, la inflación y las reservas internacionales al capo cambiario. De hecho, creo que de no existir el cepo, y tomando la política cambiaria como algo exógeno, inmutable, las reservas internacionales hubiesen caído mucho más de lo que lo hicieron. De haber podido, ¿quién no hubiera aprovechado para dolarizar carteras al tipo de cambio oficial? Obviamente, hubiese sido imposible mantener la apreciación cambiaria en un contexto de habilitación total para la compra-venta de divisas.

En base a esto, podemos entrar en la discusión de si se puede salir del cepo cambiario rápido o no: según Massa, en 100 días se podría librar de las restricciones a la compra-venta y remisión de utilidades para las empresas. Por otra parte, Agustín D’Attellis sostuvo que aquellos que declaran en los medios que es posible levantar el cepo en poco tiempo están mintiendo y sólo repiten frases marketineras.

A favor de los dos, creo que – en parte – ambos pueden tener razón. En primera instancia, el cepo podría levantarse en 100 días, o incluso en menos tiempo: la diferencia radica en qué otras medidas se implementan para contener el exceso de demanda reprimida por el dólar. Es evidente que, luego de un período de represión o de percepción de atraso cambiario, el sector privado intentará acceder al mercado cambiario para hacerse de dólares. Por eso pongo el énfasis en el contexto dentro del cual se libera el cepo: si es con un dólar a $8,5 como ahora, todo el mundo va a ir al banco a vender pesos y comprar dólares. Así, ocurriría algo parecido a lo que aconteció después de la caída de la Convertibilidad: en escasos días la cotización del peso se derrumbó desde USD 0,71 a USD 0,25.

Para poder manejar el fin del cepo, es necesario generar medidas que fomenten los incentivos a posicionarse en pesos. Para llevar adelante este cambio de tendencia, no basta sólo con lo que propone Massa, al que cito textualmente respecto de qué cambios son necesarios para librar a la economía del cepo. “Hay que tranquilizar al mercado y retornar a un modelo virtuoso que atraiga inversiones extranjeras, permita cambiar las expectativas y volver al crédito voluntario del sector privado y público y recuperar el de los organismos multilaterales”. De pronto, pareciera que por arte de magia, el supuesto cambio de gobierno en 2015 traería consigo aires de cambio, generando mayor disposición de los inversores extranjeros a poner dólares en el país. A mí me suena un tanto optimista este presagio, no porque crea que en 2016 nadie va a querer invertir, sino porque las expectativas no son el único problema que tenemos.

Probablemente, basado en consejos de asesores, Massa cuente sólo una parte de su mensaje: lo que no habla en los medios es que, para poder liberar el cepo en 100 días con éxito, también debería devaluar el tipo de cambio. Con éxito me refiero a que no exista un problema de stock de reservas internacionales por exceso de demanda de divisas, lo cual sería lo evidente al liberar un mercado con demanda reprimida. Estas explicaciones se encuentran en las declaraciones de DÁttellis, quien sostiene que para poder liberar eficientemente el mercado cambiario, es necesario avanzar con los cambios estructurales de la economía. Lo que no queda claro, en el pensamiento del economista de La Gran Makro, es si este gobierno está dispuesto en avanzar con la modificación de la estructura del modelo económico. Los últimos años y las declaraciones de gran parte del Gabinete (con Capitanich a la cabeza) dan cuenta de que algunos funcionarios no reconocen ningún grado de tensión ni conflicto en la estructura económica. Así, no hay solución que valga para volver a la normalidad en el mercado cambiario.

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