Del relato al hecho hay un largo trecho

Por: Hernán Torre

Con los medios ocupados analizando el impacto de las primeras medidas adoptadas por el Presidente del Banco Central de la República Argentina – discutidas en la última entrada del blog -, Jorge #Capitanich se encargó de darnos nuevo material para pensar a partir de algunas frases a las que nos tiene acostumbrados. En esta ocasión, durante su habitual conferencia de prensa matutina del día 7 de octubre de 2014, mencionó que la economía de nuestro país no enfrenta ningún problema económico de índole estructural. Sí, así como lo leen. Desde su punto de vista (bastante sesgado), el Jefe de Gabinete sostuvo que los problemas que enfrenta la estructura productiva son transitorios y que #Argentina no tiene fundamentos que impidan la tasa de crecimiento de la economía”.

No contento con esto, nuestro funcionario fue por más y sostuvo que el gobierno no considera necesaria ninguna modificación en la política cambiaria, ya que el tipo de cambio “es de convergencia”. Cabría preguntarse si, en una economía en la que rige un férreo sistema de control de capitales, es posible hablar de la existencia de un tipo de cambio de convergencia. El mismo término señala que, para poder hablar de convergencia, es necesario que se encuentre la oferta y la demanda. En el caso argentino, es claro que existe un límite exógeno al mercado en la provisión de divisas a través de la regulación estatal (cepo cambiario), por lo que el tipo de cambio de equilibrio (por así llamarlo) no se encuentra en la intersección de estas curvas sino en el nivel fijado por el #BCRA. De todos modos, luego de la crisis de 2001, el sistema de flotación del tipo de cambio en Argentina estuvo caracterizado por un fuerte componente interventor, comprando cuando existía un fuerte superávit de cuenta corriente para incrementar las reservas internacionales.

La minimización de las problemáticas que le han tocado enfrentar a este gobierno ha sido una constante: ya ocurrió con la #Inflación, un fenómeno económico que aqueja a los argentinos con mayor fuerza a partir de 2007. ¿Cuál ha sido la respuesta por parte del gobierno? Falsificar las estadísticas nacionales, forzando a la baja el índice de precios al consumidor y obligando a que se discontinuaran las mediciones provinciales de evolución de precios. Con el desarrollo del IPC-Nu a principios de este año, se ha logrado revertir parcialmente el manto de sospechas sobre los números de la inflación, aunque siga existiendo divergencia entre el índice oficial del gobierno nacional y los realizados por consultoras. Así y todo, es sabido que la credibilidad tarda poco tiempo en perderse, pero mucho en recuperarse: así que será necesario realizar un arduo trabajo en el ente estadístico para recuperar el terreno perdido.

Retomando los comentarios de Capitanich, cabe recordar que no es la primera vez que hace mención en sus conferencia de prensa respecto de la supuesta estabilidad del tipo de cambio. Preso del relato, pasó de decir que la #devaluación de enero 2014 se debe al accionar de especuladores como Aranguren – Presidente de Shell Argentina a desdecirse al día siguiente al sostener que el tipo de cambio es de convergencia, y respondía al plan estratégico del gobierno y el BCRA. A los tumbos: esta podría ser la descripción de cómo está llevando adelante la política cambiaria y monetaria el gobierno. En defensa de los funcionarios, mostrándose reacios a devaluar y proponer un plan integral (incluyendo la inflación en la agenda política), quedan pocas alternativas que puedan llegar adelante para solucionar el escenario macro.

No sostengo que la devaluación per se permita solucionar todos nuestros males. De hecho, es sabido el efecto regresivo que tiene sobre la distribución del ingreso, aumentando la pobreza (hoy desconocida desde el #INDEC). A la vez, la experiencia devaluatoria de enero nos da la pauta de que esta sola medida no es la solución si no es complementada con medidas que refuercen el tipo de cambio real. Como bien se ha señalado, la competitividad y la escasez de dólares son un problema multicausal, por lo que su resolución también deberá serlo. No alcanza con una o dos medidas, sino que se necesita un plan que apunte a solucionar los problemas económicos estructurales: esos mismos que el Jefe de Gabinete se empeña en negar.

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