Objetivo: Pesificación de la economía

Por: Hernán Torre

La semana pasada finalmente se cumplió el rumor tantas veces instalado en la city porteña que sostenía que Juan Carlos Fábrega había puesto su renuncia a la presidencia del Banco Central de la República Argentina (BCRA) a disposición. En su lugar, asumió Alejando Vanoli, ex titular de la Comisión Nacional de Valores (CNV), a quien hemos mencionado varias veces en el blog. Casualmente, el último post se basó en sus declaraciones respecto del “contado con liqui”, y del interés por parte del gobierno de regular su operatoria, a fin de evitar que esta cotización resultante de transacciones bursátiles fuera tomado en cuenta como la cotización del dólar libre para la formación de precios.

El tiempo durante el cual Vanoli estuvo al frente de la CNV nos podría servir para intentar recrear su perfil y analizar qué medidas, y sobre todo, qué objetivos podría perseguir en su nuevo cargo. Estando todavía muy frescas las declaraciones del contado con liqui y la supuesto ilegalidad de este mecanismo al fomentar la especulación cambiaria, podría inferirse que estamos en presencia de un economista pro-intervencionismo del Estado en el mercado de capitales. De ahí reside la incertidumbre con la que el mercado tomó su designación al frente de la institución monetaria: apenas sonó su nombre, su llegada se asociaba a una radicalización “kicillofista” del financiamiento al Tesoro Nacional mediante una mayor relajación de la política monetaria.

vanolifabrega

Pasando a los hechos, la primer medida del nuevo Presidente del BCRA apuntó a mejorar los incentivos a ahorrar en pesos, al atar la tasa que los bancos pagan por los plazos fijos en moneda nacional a la evolución de la tasa de las Letras emitidas (LEBACs). A partir de hoy (8 de octubre), la tasa pasiva de los bancos estará determinada como el 87% de la tasa que el mercado convalida para la compra de letras. De esta manera, se intentarán reducir los incentivos a dolarizar carteras, ya sea a través de mecanismos legales como el dólar ahorro y el contado con liqui, o acudiendo al mercado paralelo en busca del dólar blue.

Suponiendo que esta tasa pasiva se mantenga a futuro en los niveles cercanos a 23-25% de TNA, ¿puede esperarse que esta medida lleve a que la gente vuelva a ahorrar en pesos? Realmente es difícil de sostener que esta medida, per se, modifique los hábitos de inversión de la gente. ¿En qué me baso para mantener esta visión pesimista? Básicamente en dos argumentos que han guiado e influenciado el comportamiento de los agentes económicos a partir del surgimiento del cepo cambiario (que a fin de este mes cumplirá 3 años).

El primer punto reside en el hecho de que, a pesar del importante aumento de rendimiento que implica esta nueva medida – partiendo del 19% actual al mencionado 23-24% a partir de hoy -, estos retornos siguen estando en niveles reales negativos del orden del 10% (asumiendo una inflación anual de 35%, en consonancia con la mayoría de las consultoras privadas). La reticencia a ahorrar en pesos es reforzada por otro fenómeno a tener en cuenta: las expectativas devaluatorias de los individuos. Quiérase o no, influídos por vaya uno a saber qué, la gente (y ni hablar aquellos involucrados en el comercio exterior) sigue observando el dólar oficial y el paralelo a la hora de tomar decisiones tales como inversiones, plazos fijos, compras de bienes durables o cualquier otro tipo de consumo. En este sentido, basándose en la experiencia argentina de inflación, crisis cambiaria, corrida y devaluación, existe una gran propensión a realizar transacciones de cobertura de riesgo, siendo la compra de dólares una de las posibilidades más ponderadas.

Poniendo en consideración ambos fenómenos, y contextualizando el accionar del BCRA bajo la nueva gestión Vanoli, podemos apresurarnos y sostener que este paliativo no será suficiente para enfrentar la corrida al dólar. ¿Es suficiente esta medida? No, por supuesto. Y sobrarán los analistas que sostengan que esta medida no soluciona nada, a menos que creamos que los inversores caen en la ilusión monetaria y realizan mayor cantidad de depósitos a plazo tentados por la mayor nominalidad de la tasa de interés, sin tener en cuenta el retorno real de esta inversión y los riesgos cambiarios que implica.

En el fondo, considero que el problema también está en que el actual gobierno ha dejado pasar varias oportunidades para crear un plan integral que le permita recuperar la credibilidad del mercado, lo cual es fundamental para lograr que las medidas anunciadas tengan el impacto deseado. Cuando se dice que se intentará reforzar al peso como medida de valor mientras se incrementa el circulante a un ritmo frenético, o cuando se sostiene que no habrá modificación del tipo de cambio y luego se devalúa, se corre el riesgo de perder credibilidad y poder de impacto sobre las expectativas del mercado. Ni que hablar si durante años se falsificaron las estadísticas públicas, subestimando la inflación y ahora no publicando datos de pobreza e indigencia. En conclusión, mientras el plan económico consista de alguna que otra medida, y no conforme un plan integral que compatibilice política fiscal y monetaria, la resolución del problema seguirá siendo muy complicada, y sólo se habrá perdido tiempo.

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