Déjà-vu cambiario y monetario

Por: Hernán Torre

La economía argentina pareciera repetir una y otra vez los mismos síntomas, y frente a estos, la evidencia parece indicar que no logramos hallar los mecanismos que nos permitan sortearlos. Así como a partir de la imposición de lo que se conoce como “cepo cambiario” se comenzó a hablar de restricción externa, déficit en balanza de pagos y pérdida de reservas internacionales; en Diciembre de 2013 y en todo lo que va de 2014, también se han mencionado estas temáticas como centrales en lo que se refiere a las problemáticas que encuentra nuestro país para lograr el crecimiento económico.

La situación de la macroeconomía argentina a comienzos de este año generaba, inevitablemente, analogías con diferentes corridas cambiarias a las que se había enfrentado nuestro país. La tendencia descendente que evidenciaban las reservas internacionales del BCRA hacía pensar en que, en el corto plazo, habría – cuanto menos – tensiones cambiarias. Este esquema de presiones sobre el valor del peso (en relación al dólar) llevó a que el gobierno decidiera llevar adelante una devaluación del orden del 20%. El dólar pegó un salto en su cotización y pasó a cotizar, en el lapso de menos de una semana, de $6,50 a $8. El objetivo era claro: desincentivar la dolarización del sector privado e intentar descomprimir la situación a través de un relajamiento del atraso cambiario, fomentando de esta manera la entrada de divisas al circuito formal de la economía.

fabrega

La crisis cambiaria halló cierto reparo luego de las diversas medidas implementadas por el gobierno durante fines de Enero y principios de Febrero, como lo fueron la devaluación recién mencionada, la apertura parcial del cepo cambiario habilitando la compra limitada de dólares para atesoramiento, el tope a las posiciones en dólares de los bancos y el ajuste de las tasas de interés al alza. A través de la combinación de las políticas mencionadas, se resintió el nivel de actividad, causado en parte por el encarecimiento de los insumos provenitentes del exterior, y también por el alza en el costo de financiamiento interno para el sector privado. Allá por Marzo o Abril, publiqué una nota acerca de la imposibilidad con la que se topaba el BCRA en el manejo de dos de las problemáticas más urgentes que enfrenta hoy la economía argentina: las tensiones cambiarias y la reactivación del nivel de actividad económica. Si atendía a una de ellas, corría riesgo de desatender la otra: el famoso dilema de la sábana corta. Al incrementar los incentivos a ahorrar en activos nacionales, se quitaba presión a la baja sobre la moneda nacional.

Pero, desgraciadamente, en esta historia siempre hay peros: el alza de las tasas de interés fue revertida para intentar incentivar la economía, que registraba sucesivas caídas en el nivel de actividad, como lo demuestra el siguiente gráfico con datos de la consultora de Orlando Ferreres tanto para el nivel general de actividad como de la producción industrial:

iga201409

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Podría señalarse que la consultora privada de Orlando Ferreres no mide ambos indicadores de la manera correcta, que el INDEC es el encargado de proveer cifras oficiales, y es a este instituto al que debemos prestarle atención para llegar a conclusiones válidas para entender la coyuntura argentina. A continuación, el estimador mensual industrial, publicado por el ente público de estadísticas:

emi201409

¿Qué nos muestran los gráficos? Que el estancamiento y la leve tendencia decreciente de la actividad económica datan de 2011, por lo que no se trata de fenómenos recientes. Hace rato que la industria encuentra limitaciones al crecimiento, probablemente derivadas de la escasez de divisas para financiar su crecimiento por encima de la capacidad instalada. Frente a esta realidad, se fue materializando un conflicto de intereses entre la posición asumida por Fabrega (Presidente del BCRA) y de Kicillof (Ministro de Economía de la Nación). Kicillof pondera más el crecimiento, la reactivación de la economía y el sostenimiento el empleo, mientras que Fabrega está intentando hacer lo imposible por evitar un descarrilamiento cambiario a través de la política monetaria. Lo curioso es que, en el contexto actual de estancamiento económico y tasas de inflación altísimas (mayores a 30% en los últimos 12 meses), es virtualmente imposible llevarlas adelante a través de esta puja. Como señalábamos al hacer la analogía con la manta corta, al intentar otorgar cierta prioridad a una variable, la otra se descontrola e inhabilita conseguir ninguno de los dos objetivos apuntados.

Trayéndolo a algo un tanto más concreto, Kicillof está incrementando el gasto público a tasas reales positivas para intentar movilizar al sector privado a que consuma más y luego los empresarios inviertan, logrando reiniciar la rueda del crecimiento “wage-led”. Lo curioso es que el creciente déficit fiscal en el que está incurriendo el Tesoro Nacional es solventado a través de mayor presión tributaria y gracias a la ayuda que tanto BCRA como ANSES brindan mediante las transferencias de “utilidades”. Para esto, es necesario que el BCRA incremente su pasivo, subiendo de esta manera la base monetaria para solventar al gobierno. Si deseara esterilizar fondos (tal cual había realizado con éxito Fabrega en el período de “paz cambiaria” luego de la devaluación de Enero), sería necesario que suba las tasas para compensar las altas tasas inflacionarias que existen en nuestro país. Sin embargo, he aquí la inconsistencia: es imposible esterilizar lo suficiente para que este incremento de base monetaria no repercuta en el circulante debido a que – para incentivar inversiones por parte del sector privado – las tasas de interés de referencia deben mantenerse bajas.

¿Cómo seguirá esto? No se sabe. Pero no es buena señal, en términos de previsibilidad y de intuir el comportamiento que tendrá el sector público hacia adelante, que las tasas de referencia suban y bajen en cuestión de semanas, en base a si Axel Kicillof o Fabrega cuentan con el apoyo de la Presidente en mayor o menor grado. Los intereses deben estar orientados hacia un mismo objetivo, de lo contrario se hará muy cuesta arriba.

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Un comentario en “Déjà-vu cambiario y monetario

  1. El común de la gente padece mucho más estos idas y vueltas a nivel macro. No es casual que siempre haya aumentos, no sólo en el sector alimenticio sino de servicios. Como escuche por ahí, el problema no es que la gente no consume. Sino la incertidumbre.

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