El futuro llegó hace rato

Por: Hernán Torre

El tema de moda en la economía argentina en estos últimos dos mses – léase Juicio del siglo contra los holdouts – obligó a que muchas personas (me incluyo) tuvieran que buscar mucha información para entender un poco más qué es lo que estaba pasando. Reestructuraciones de deuda, lectura del prospecto, clausula RUFO, default, credit default swaps, aceleración de vencimientos son algunas de las cuestiones que se han instalado en el lenguaje cotidiano de buena parte de los analistas económicos. A su vez, ninguno de estos temas fue abordado en la Licenciatura de Economía de la Universidad de Buenos Aires, lo cual hacía todavía más imprescindible este “curso intensivo” para poder interpretar la compleja realidad contemporánea.

La nota que ahora comparto con los lectores representa un breve resumen acerca de unos de esos trabajos (en este caso es la transcripción de un discurso) que leí en mi intento por incorporar nociones básicas de los procesos de reestructuración de deuda soberana. No puedo dejar de admitir que me sorprendieron las conclusiones a las que arriba el autor, al cual sólo me referiré al final del artículo, para crear un poco de misterio. Desgraciadamente, muchas de los problemas que se reconocen siguen estando en el presente, 12 años después de enunciado este discurso en la conferencia anual del “National Economists’ Club” a fines de 2001.

singer          Ilustración de Kelsey Dake

El discurso presenta una introducción acerca de la reestructuración de deuda soberana como un proceso tortuoso, con muchas complicaciones para llegar a acuerdos con la mayoría de los acreedores debido a la falta de un ámbito internacional que facilite esta negociación. A diferencia de lo que ocurría en los ’80, en los cuales los principales acreedores eran bancos comerciales (los cuales concentraban la mayor parte de la deuda), en los ’90 la expansión de los mercados internacionales fomentó la atomización de los acreedores. Este fenómeno tornó más compleja la reestructuración, ya que llegar a una acuerdo tomaría más tiempo debido a los diversos objetivos de los inversores.

Algunos tenían prisa por acordar, mientras que otros estaban dispuestos a litigar (con el tiempo que esto toma) para apostar a una mejor rentabilidad. De esta manera, cuanto mayor era el plazo al que apuntaban los acreedores, peores eran las perspectivas de los bonos en default en el mercado secundario de deuda. Esta caída de los precios era aprovechada por los denominados “fondos buitre”. El autor sostuvo también que cuanto más se estiraba la definición de la reestructuración, mayores eran las complicaciones para el país deudor, ya que no estaba en condiciones de acceder al crédito externo – o al menos, no podía acceder de forma igualitaria al resto, debía pagar mayor tasa -.

Como ejemplo de lo que ocurre en las reestructuraciones de deuda “desordenadas”, cita el caso emblemático de Perú y nuestro archiconocido Paul Singer (miembro del fondo Elliot Associates). En el ’96, este fondo buitre acumuló títulos de deuda peruana con valor nominal U$S 20M, entregando a cambio U$S 11M a sus tenedores. Cuatro años más tarde, y pese a que la justicia de primera instancia de NY había fallado a favor de Perú, el segundo fallo fue a favor de Elliot por U$S 56 M, a lo que se sumó la posibilidad de embargarle los pagos realizados a los bonistas que habían reestructurado los bonos con el Plan Brady. De esta manera, Perú intentó evitar el default y finalmente accedió a abonarles lo que la justicia dictaminó en esa oportunidad. ¿Suena conocido?

Según el economista, estas situaciones denotaban los fallos que presentaban los actuales procesos de renegociación, y era en este marco en el que el FMI debía ganar mayor poder de injerencia, a favor de deudores y acreedores. A través de un proceso de reestructuración ordenado, los precios de bonos defaulteados no caerían en el mercado secundario, generándole un costo extra a los fondos buitre y desincentivando esta práctica. La idea presentada en el discurso era generar un marco de negociación durante el cual el país deudor recibiría ayuda financiera para reactivar su economía y una moratoria para evitar que esos recursos se drenen de la economía.

A su vez, sostiene que el país también debería cooperar y mostrar su buena fe para negociar (frase bastante escuchada en estos dos meses también) a través de un sinceramiento de las políticas públicas en el contexto de una situación del default. Encubiertamente, esta emisión de garantías por parte del deudor hacia los acreedores significaría realizar ajustes fiscales, para otorgar certeza a los bonistas de que el dinero estaría presente al momento de acordar la nueva fecha de pagos. No obstante, para compensar esta retracción del gasto público, llamaba a que el sector privado asumiera el rol dinámico en la economía, aunque claramente no especifica cómo movilizar los incentivos para que se concreten las inversiones.

Lo importante, más allá de esto último en el cual se dilucida la matriz FMI del discurso a través del “monitoreo de políticas adecuadas”, esta posición asumida hace ya 12 años sirve para explicar el actual conflicto entre fondos buitre y Argentina. Nada es nuevo: ni el litigio, ni el desenlace, ni las causas. La falta de reglas claras en el ámbito internacional respecto de las reestructuraciones de deuda soberana; en ese sentido habría que generar incentivos a la negociación y al trato igualitario de los acreedores.

Ahora sí, develo a quién pertenece el discurso que acabo de comentarles: Anne Krueger, vieja conocida de Argentina, ya que como funcionaria del FMI participó de la política económica que el FMI llevó adelante en nuestro país durante el gobierno de la Alianza. Se encargó de gestionar los distintos proyectos de “salvataje” del sector bancario y financiero a costa del Estado nacional, entre los que se destaca el Megacanje y el Blindaje. Sin embargo, sorprende que alguien del establishment tuviera estos términos tan duros con los fondos buitre y sostuviera que es imprescindible crear un ámbito internacional para resolver las reestructuraciones de deuda soberana.

krueger

Como perlita, queda el anteúltimo párrafo del discurso (disponible en este link), en el cual Krueger sostiene que el imponderable político es entender si los miembros (del FMI) están preparados para prohibir que sus ciudadanos litiguen contra otros países en busca de que los tribunales nacionales los beneficien con el pago del valor nominal de un activo en default más intereses. Como vemos, eso claramente sigue quedando pendiente en el tintero.

 

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