Stiglitz y las calificadoras de riesgo

Por: Hernán Torre

El blog tiene varios artículos desarrollados para analizar el litigio que iniciaron los fondos de “inversión” que no entraron a las sucesivas reestructuraciones de deuda argentina, en un intento por cobrar los bonos que habían sido defaulteados en 2001. La mayoría de estas notas fueron publicadas luego de la decisión de la Corta Suprema de Justicia estadounidense de rechazar la apelación presentada por el estudio de abogados Cleary, Gottlieb, Steen & Hamilton, el 16 de Junio pasado. De esta manera, se respaldaron los fallos adversos a Argentina en instancias previas, obligándolo a abonar la totalidad del valor nominal de los bonos, más intereses y punitorios. Con un monto inicial de 48 millones de dólares, y con la ayuda impagable del lobby político y económico, estos fondos buitre/holdouts o como quieran llamarles recibirían U$S1330 millones.

A raíz del denominado “Juicio del Siglo”, Joseph Stiglitz escribió hace un tiempo una nota muy interesante para el periódico inglés The Guardian acerca de la necesidad de crear ámbitos internacionales que faciliten las reestructuraciones de deuda, de manera que los Estados soberanos no se hallen amenazados por el accionar de los fondos buitre. En su opinión, los países deberían acordar y hacer lo posible para evitar que algún fondo con suficiente poder económico y político vuelva a llevar adelante el mismo procedimiento que NML Capital, Aurelius y demás realizaron contra Argentina. De esta manera, las reestructuraciones de deuda realizadas por determinados Estados en condición de insolvencia no correrían el riesgo de desmoronarse frente a reclamos judiciales por parte de fondos con amplio poder y experiencia en estos asuntos.

stiglitz

Casualmente, en estos días me encuentro leyendo un libro escrito por Joseph Stiglitz titulado “The roaring Nineties”, centrado en la experiencia que el Premio Nobel tuvo en su paso como asesor económico del Presidente Bill Clinton, entre los años 1993 y 2000. Cada capítulo está dedicado a algún tema de la agenda política de los demócratas que Stiglitz considera relevantes para explicar la crisis subsiguiente de las puntocom en 2001. La relación que encuentra está dada por la imposibilidad de generar consensos bipartidarios respecto a ciertas reformas estructurales necesarias en diversas áreas de la economía.

La propuesta demócrata respecto de la necesidad de intervención estatal para regular el mercado encontró una férrea oposición por parte del Partido Republicano, que defiende el libertinaje del mercado como distribuidor infalible de retribuciones. Este conflicto parlamentario boicoteaba las posibilidades de encontrar apoyo a las políticas públicas que emanaban del Consejo Económico de Asesores, y terminó sembrando las semillas del derrumbe de Wall Street, arrastrando consigo al nivel de actividad económica de Estados Unidos, y sumiéndola en una nueva crisis de origen financiero.

Uno de los problemas más importantes estaba dado por la asimetría en la información con la que contaban los agentes financieros (calificadoras, CEOs y analistas financieros) respecto de los inversionistas. A través de la aplicación y propagación de la “contabilidad creativa”, los estudios contables y las calificadoras de riesgo lograban disfrazar las verdaderas cifras de las empresas, transformando negocios no sustentables en verdaderas mecas de la rentabilidad. De esta forma, conocer el real estado de una determinada empresa era sumamente difícil, ya que los balances estaban realizados por entidades que tenían un alto incentivo a sobreestimar la verdadera rentabilidad de las firmas, dejando a los inversores prácticamente a ciegas.

Otra de las situaciones que caracterizaban (y lo sigue haciendo) al mercado financiero es el de la delegación de la calificación de riesgo en manos de unas pocas empresas, las cuales suelen tener parámetros bastante disímiles para “puntuar” a diferentes empresas o gobiernos, dependiendo de quién se trate. Para brindar sólo un ejemplo, la empresa Lehman Brothers tenía una calificación de A el mes anterior a presentarse en bancarrota, lo que nos permite entender que, al fin y al cabo, lo que se hacía no era describir el riesgo inherente a un determinado activo, sino hacer lobby a favor o en contra de determinados bonos o acciones.

calif_riesgo

Desde los sectores afines al oficialismo, se ha impulsado la idea de iniciar litigios contra algunos operadores del mundo financiero, dando a entender que hacen uso de la información asimétrica para lograr incrementar su riqueza, a cualquier costo. Haciendo una rápida investigación en los medios, encontré una noticia que bien podría animarlos: el Estado de Connecticut había llevado adelante un juicio contra estas mismas empresas (Fitch, Moody’s y Standard & Poor) debido a los “errores de cálculo” en los que incurrieron al sobreestimar las calificaciones delos instrumentos financieros derivados de las “hipotecas basura”, allá por 2007-2008.

No obstante hay muchas diferencias entre los dos casos, ya que el caso argentino necesitarìa jurisprudencia internacional via aceptación de EEUU, lo cual suena a utopía. Dejando de lado estos tecnicismos legales en los cuales mi ignorancia abunda, resulta evidente que el sistema financiero mundial está regulado por estas relaciones de poder y de egoísmo individual. ¿Nos sorprende? Yo creo que a esta altura ya deberíamos haber aprendido.

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