Parece que revivió Pigou y está al frente del FMI

Por: Hernán Torre

Ya finalizado el Mundial, y todavía con la bronca de pensar “qué hubiera pasado si la definición de Messi iba 10 cms más a la derecha”, es hora de volver a tratar los temas de los que suelo hablar en el blog: economía, finanzas y política. No por eso renunciaré a hacer algunos comentarios – de tanto en tanto – sobre esta pasión tan nuestra que es el fútbol. Sin embargo, en esta ocasión, leyendo algunos medios extranjeros, hallé un tema que me interesó respecto de la macroeconomía española. No será la primera vez que hable sobre la Madre Patria en el blog, ya que en una oportunidad he comentado acerca del optimismo de Rajoy al mostrarse realmente confiado en “sacar a España del pozo”. En esta oportunidad, la noticia trata de la recomendación de política pública realizada por el FMI (Lagarde a la cabeza) por medio de la cual insisten en señalar que la solución para el karma de la desocupación en España reside en bajar el salario mínimo.

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El gráfico que presento a continuación (preparado por el blog Teoria del trabajo) permitirá explicar el razonamiento que se esconde detrás de la milagrosa receta neoclásica del FMI mediante el cual España podría reducir rápidamente el desempleo (o, como le dicen ellos, la tasa de paro). Incluiré también una brevísima reseña histórica, pero sólo en tanto y en cuanto ayude a lograr un mejor entendimiento acerca de la noticia adjunta.

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Desde el punto de vista clásico, el salario real de equilibrio en una economía se establece, al igual que ocurre con cualquier otro bien de la economía, en el punto donde se intersectan la curva de oferta con la de demanda. La fuerza de trabajo no se diferencia en nada, en cuanto a su modalidad de intercambio, a una zanahoria o a una silla. Esto, al final, conllevará a algunas conclusiones muy poco creíbles respecto de cómo actúan las personas que están en busca de un trabajo en las crisis. Ahora bien, ¿cómo se crean las respectivas curvas?

La curva de demanda de trabajo nace a partir de la premisa de que el salario real es igual al producto marginal derivado de agregar a la matriz productiva una unidad más del factor trabajo. Es decir, el salario real es igual a la pérdida de producción en caso de que este trabajador no se viera involucrado en el proceso productivo. Por otro lado, la curva de oferta de trabajo se deriva de la decisión individual que enfrenta cada persona: ¿trabajar o disfrutar del ocio? En este trade-off, podría decirse que cada persona evalúa cuál es el costo de oportunidad que conlleva trabajar, ya que este acto le provoca desutilidad.

Dado que Pigou no admite la posibilidad de desempleo involuntario, entonces el total de personas empleadas es igual a la cantidad de individuos que valoran más el pago del salario frente a la desutilidad producida por el hecho de tener que trabajar. Para construir la curva de oferta de trabajo, se reunen todas las combinaciones en términos de salario real y cantidad de personas empleadas efectivamente en el mercado. Nuevamente, toda aquella persona que valore más trabajar que disfrutar del ocio tiene asegurado un empleo. Esta es, quizás, la conclusión más fuerte que permite extraerse de la teoría clásica del mercado laboral: si lográramos encontrar aunque sea a una persona que quiere trabajar pero no lo consigue, el castillo de naipes se nos viene abajo.

Apostaría fuerte a que algún lector español haga una pequeña encuesta en cualquier ciudad de su país y le pregunte a algún desempleado (desgraciadamente son muchos, el 25% de la población económica activa) si valora más su ocio o la posibilidad de trabajar a cambio de un salario. Creo que el 99% responderá que preferiría estar trabajando. Esta falacia a partir de la cual se sustenta el resto del razonamiento nos da a entender que la teoría clásica de la ocupación se equivoca, ya que la realidad no se adscribe a estos fenómenos hipotéticos que sostiene.

MercTrabajo2Fuente:

En consonancia con el FMI, Pigou sostiene que para reducir el desempleo es necesario dejar que el mercado actúe, ya que los salarios mínimos han sido intervenidos por el gobierno debido a la presión de los sindicatos, ubicándolos en un nivel superior al del equilibrio, como demuestra el gráfico confeccionado por El Blog Salmón. Al “regular” la remuneración de la fuerza de trabajo y ubicarla por encima del valor que tendría en condiciones de libertad de mercado, se incrementa la cantidad de individuos que valoran más el trabajo que el ocio. Por lo tanto, a través de un ajuste en el mercado laboral (llevando los salarios a la baja), la solución estaría al alcance de la mano. Mucha gente, estimando de sobremanera su ocio, se retiraría del mercado, reduciendo la tasa de paro.

Lo que no explican es cómo pueden los trabajadores ajustar el salario real (que es el que se relaciona con la cantidad de personas empleadas), ya que las paritarias sólo definen los montos nominales de las retribuciones al trabajo, y no el salario real. La culpa que Pigou le atribuye a los propios trabajadores por el desempleo debe ser desestimada, ya que los sindicatos no tienen manera de regular salarios y precios a la vez. Keynes ya planteó todas estas cuestiones, y desnudó las debilidades de esta teoría del mercado de trabajo.

Por lo tanto, suponiendo que el salario mínimo se redujera, ¿cómo podría confiarse en que los empresarios contratarán mayor cantidad de personas, y no aprovecharán esta medida para ampliar la masa de ganancia? A simple vista, pareciera que la jugada del FMI terminaría beneficiando a los sectores de mayores ingresos a costa de los sectores más humildes que precisan trabajo para subsistir. Al fin y al cabo, la flexibilización laboral siempre termina jugando en contra de los trabajadores y a favor de los poseedores de capital, incrementando el grado de explotación.

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2 comentarios en “Parece que revivió Pigou y está al frente del FMI

  1. Hace poquito escribí algo bastante parecido, aunque centrándome solamente en la curva de oferta de trabajo:
    http://www.estructuradesequilibrada.blogspot.com.ar/2014/07/una-critica-la-oferta-de-trabajo.html
    Por otro lado, una salvedad semántica: los “clásicos” (Smith, Ricardo y Marx) no veían al mercado de trabajo de esta manera. Esta visión caricaturezca vino después, como bien decís de la mano de autores como Pigou, Marshall, etc. (que, al margen de lo que diga Keynes, no creo que puedan ser considerados clásicos, en parte por cosas como ésta).
    Saludos.

    • Tenes razon en lo que decis, Juan. Por “clasicos” me referia a la escuela marginalista, a la que Keynes atribuye el mote de clasicos. Ahora voy a pegarle un vistazo a lo que escribiste.

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