Madres de Plaza de Mayo: reconocimiento y polémica

Por: Hernán Torre

El día de ayer (2 de Julio de 2014), la Cámara de Diputados de la Nación aprobó por mayoría el proyecto de ley por el cual se reconoce como símbolo patrio el pañuelo blanco que caracteriza a las Madres de Plaza de Mayo. La razón para semejante reconocimiento está dado por la lucha incansable que estas personas llevaron a cabo durante la última dictadura que gobernó nuestro país entre 1976 y 1983, intentando hallar a sus seres queridos que habían sido victimas  del terrorismo de Estado.

madres

Su labor no se reduce sólo a lo que hicieron durante el gobierno de facto de Videla y demás secuaces, sino también por lo que han realizado una vez que se reestableció la democracia en nuestro país con la elección de Raúl Alfonsín, con la búsqueda de descendientes de desaparecidos. Uno de los ejemplos visibles ha sido el de la recuperación de la identidad de más de 100 personas a través del trabajo que han encarado junto con el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

No obstante, a pesar de la valentía, el coraje y el empeño que han demostrado las Madres de Plaza de Mayo para luchar frente al terrorismo bancado desde el aparato estatal, una vez que se oficializó este reconocimiento a su labor en el día de ayer, hubo voces que se alzaron en contra del mismo. ¿Por qué sucedió esto? ¿Qué es lo que alguien podría reprocharle a estas mujeres que lucharon por sus familiares cuando todo era silencio y complicidad?

Para bucear en este asunto, será necesario hacer un pequeño racconto de la vinculación Madres de Plaza de Mayo – gobierno. Al asumir la presidencia Néstor Kirchner, uno de los objetivos que se planteó fue la derogación de las polémicas leyes de Obediencia Debida y Punto Final (sinónimos de impunidad frente a los militares involucrados en la tortura y desaparición de personas). Esto sin lugar a dudas fue un logro muy festejado en nuestro país, y representó el inicio de la sociedad política entre las Madres de Plaza de Mayo y el gobierno. Sin lugar a dudas, la política de derechos humanos frente a los hechos repudiables de nuestro pasado representó la piedra angular para el desarrollo de esta relación.

Sin embargo, a la vez que se aceitaba la reciprocidad en el apoyo entre ambos agentes políticos, se fueron rubricando relaciones económicas. No obstante, quisiera aclarar que no está mal que desde el Estado se dé sustento a ONGs que ayuden a la sociedad a través de actividades culturales, brindando apoyo para la reintegración de la identidad de las personas y demás cuestiones que brindaban las Madres de Plaza de Mayo. Sin embargo, varios años después se ha comprobado que la Fundación de las Madres funcionaba como intermediario para que sus apoderados (Schocklender, por caso) realizaran maniobras altamente sospechosas con dinero público: lisa y llanamente, lo que conocemos como corrupción.

En el medio quedó el proyecto de Sueños Compartidos, por medio del cual la Fundación Madres de Plaza de Mayo construía viviendas sociales a través de adjudicación directa de parte de determinados municipios. Sumado al hecho de que la inexistencia de licitaciones públicas agregaba un poco de oscuridad sobre la adjudicación de estos proyectos, debería añadirse el hecho de que no se realizaban contribuciones a la seguridad social de los obreros y que se fueron acumulando grandes deudas con la AFIP. ¿Cuánto significaba esto para el Estado? La friolera cifra de $1300 millones, designados originariamente para la construcción de alrededor de 5000 viviendas ($275000 aprox cada una), las cuales no llegaron a ser entregadas en su totalidad. De acuerdo a informes de Auditoría General de la Nación, se destinaron 765 millones para la construcción de 3100 viviendas.

Un evento similar aconteció con la Universidad de las Madres de Plaza de Mayo, la cual tuvo que ser estatizada hace escasas semanas debido a la cuantía de las deudas que presentaba, lo cual hacía imposible su continuidad. Esto ha generado un continuo descrédito hacia las Madres de Plaza de Mayo, lo cual no debiera borrar lo acontecido con anterioridad; no obstante, el total descaro y la ineficiencia para manejar fondos públicos generó que algunas personas hayan perdido totalmente la confianza en la Fundación.

Otro factor que ha generado cierto tipo de conflicto respecto de las Madres de Plaza de Mayo ha sido la ferviente posición que tomó una de sus fundadoras Hebe de Bonafini en su defensa casi talibán de todos y cada uno de los lineamientos del Estado Nacional. Como fanática adoctrinada del kirchnerismo, ha levantado las banderas del kirchnerismo en cuanto acto público ha podido, llegando incluso a cometer atropellos a principios básicos a los que ella – como damnificada que fue respecto de coerciones contra la libertad humana cometidas por la dictadura- debiera estar en contra.

Una de las declaraciones más famosas (y repudiables) de Hebe de Bonafini tuvo lugar cuando le consultaron qué fue lo primero que se le cruzó por la cabeza cuando se enteró del atentado terrorista contra las Torres Gemelas en Septiembre de 2001. La fundadora de Madres sostuvo que se alegró, ya que “me puse contenta de que, alguna vez, la barrera del mundo, esa barrera inmunda, llena de comida, esa barrera de oro, de riquezas, les cayera encima”. A confesión de parte, relevo de pruebas.

Otra frase bastante desafortunada fue la que pronunció en medio del Conflicto con el Campo en 2008, en la que sostuvo que “la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner tiene mucha democracia y mucha tolerancia, porque otro gobierno los hubiera desalojado a palos y a gases como merecían”. Entonces, cabe cuestionarse cuál es la verdadera cara de esta mujer: ¿la que luchó sin parar para saber la verdad acerca de sus familiares? ¿o esta persona resentida, que lo único que pretende es la unificación de los posicionamientos políticos – siempre el suyo, para variar – sacando a la luz su lado más facho? A medida que pasa el tiempo, la balanza parece inclinarse para la segunda opción. Por eso me pareció justo hacer un balance de las dos caras de la Fundación de Madres, ya que inevitablemente interfiere en el juicio que cada uno puede hacer sobre el carácter de símbolo patrio otorgado a los pañuelos.

Al fin y al cabo, lo que resulta bastante extraño es que con la cantidad de conflictos y desafíos hacia adelante que tiene nuestro país, los representantes del pueblo argentino usen su tiempo de trabajo (que es realmente un bien escaso) en dirimir cuestiones como estas. No minimizo las cuestiones culturales como de menor importancia, pero creo que en pleno ambiente recesivo, con caída del nivel de empleo y con una inflación del 35-40%, estas cuestiones de reconocimientos podrían patearse un poco más para adelante.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s