Astarita, Lindenboim, Frenkel y Rapetti (Parte II)

Por: Hernán Torre

Continuando el post anterior, la idea de esta nueva entrega será comentar los desarrollos teóricos realizados por Javier Lindenboim durante la charla de la semana pasada en la UBA.

Lindenboim

La pregunta que dio paso a la exposición de Lindenboim fue la siguiente: ¿Cómo evolucionaron los datos sociales y los referidos al empleo durante la década pasada? ¿Puede afirmarse que se trata de una “década ganada”?

Como se ve, la tarea encomendada a Javier era un tanto más complicada que la del resto del panel expositor, ya que debía opinar acerca de la evolución de los indicadores sociales durante el período post-Convertibilidad. ¿A qué se debe esta creciente dificultad? Ni más ni menos que a la falta de credibilidad en las cifras del INDEC, y a la escasez de herramientas estadísticas alternativas que cuenten con suficiente historia.

Uno de los ejemplos más resonantes de los últimos años ha sido el falseamiento sistemático del índice que mide la inflación, lo cual repercute directamente sobre los cálculos de pobreza e indigencia al ajustar incorrectamente los precios de las canastas de productos que determinan una y otra condición. Una vez que el INDEC decidió sustituir el polémico IPC-GBA por el IPC-Nu, se suponía que – en vistas de que los números publicados replicaban en mejor orden lo que ocurría en la realidad – el problema con la información ya había sido superado. Sin embargo, se dejaron de publicar las cifras de indigencia y pobreza ya que no se ha actualizado el precio de las diferentes canastas debido a “problemas de empalme” entre las series históricas.

No obstante, con los datos disponibles, Lindenboim realiza una comparación de la expansión porcentual en la cantidad de puestos de trabajo creados en diferentes sectores económicos, segmentando diferentes períodos: ’90s, 2002-2007, 2007-2010, 2010 en adelante. A simple vista, se puede advertir que la década menemista tuvo – en promedio – una expansión lenta del nivel de trabajo, concentrando la mayor parte de los nuevos puestos en condiciones precarias de empleo. Tomando el total de casos, la cantidad de puestos de empleo subió un 4%, con el empleo “protegido” desacelerándose un -6% y el trabajo precario aumentando 10% en toda la década.

En este sentido, es imprescindible mencionar que se puede identificar una reversión en el proceso que parecía subsumir a mayor cantidad de trabajadores hacia empleos precarios, en detrimento de los empleos protegidos. Mayor certidumbre respecto de los ingresos futuros que tendrán los trabajadores se puede asimilar a mayor cantidad de trabajos protegidos; lo contrario para los empleos precarios; por lo tanto, en este sentido (si bien se continuará segmentando el análisis dentro de la misma “Década ganada”, se puede sostener que, por lo menos, comenzó a revertirse el proceso de exclusión de empleados hacia la ilegalidad y la inestabilidad.

Gráfico I: Variaciones del empleo asalariado por rama según calidad del vínculo (’90s- ’00s)

cuadro1

Fuente: Javier Lindenboim

Por otro lado, el período que comprende la post-Convertibilidad presente diferentes sub-etapas en cuanto a los indicadores del mercado laboral. Tal como muestra el gráfico II, la mayor parte de la expansión de puestos de empleo se llevó a cabo durante 2003-2007, coincidiencia con la fase ascendente de la economía nacional previa a la crisis financiera mundial. Por lo tanto, curiosamente, podría ostener que la mayor parte de la “Década ganada” se concentra en los logros obtenidos en 5 años comprendidos entre 2003 y 2007, en los cuales todos los sectores económicos detallados demuestran incremento en la cantidad de empleos generados. A partir de 2007 se puede observar una desaceleración en la incorporación de trabajadores al mercado laboral, pese a que se mantiene positivo el porcentaje de crecimiento.

Un sector que resiste a este freno en la expansión, ya que incluso incrementa el ritmo a partir del cual incluye mayor cantidad de empleados, es el de la administración pública. Este comportamiento ha sido evidenciado por Lindenboim en una nota que le realizó un diario de Puerto Madryn, al advertir que el sector privado casi no ha aumentado la demanda laboral en los últimos dos años y que “El Estado ha sido el principal proveedor de empleo asalariado en los últimos tres o cuatro años”. También puede hallarse en esta nota de La Nación publicada en Agosto de 2013.

Grafico II: Variación del empleo asalariado sectorial según la calidad del vínculo (2003 hasta 2013)

cuadro2

Fuente: Javier Lindenboim

Como conclusión, podrá establecerse que es necesario combatir el empleo precario, y buscar maneras alternativas de fomentar el empleo protegido. En este ámbito, hace algunas semanas se aprobó la denominada ley contra el trabajo en negro, la cual otorga ciertos beneficios a las empresas que decidan “blanquear” a sus trabajadores. De esta manera, se beneficiarán tanto los empleados (contarán con mayor estabilidad y se garantizarán el pago futuro de una jubilación), las empresas (no ingresarán al registro de empresas incumplidoras) y el Estado, ya que contará con mayor cantidad de ingresos por seguridad social. No obstante, habrá que esperar para analizar si la mencionada ley logró incentivar el traspaso de empleados precarios al ámbito de la legalidad. Será cuestión de esperar que mejore también el panorama para el cese de suspensiones y despidos en algunos sectores económicos puntuales (sobre todo, del rubro automotriz y derivados).

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