Teoría Cuantitativa del Dinero

Por: Hernán Torre

Hoy en día, la inflación se ha convertido en un tema ampliamente discutido en ámbitos académicos de América Latina. La razón que genera que esta cuestión esté de moda se basa en que es una de las principales preocupaciones que tiene tanto la gente común como los gobernantes de cara al futuro. Para dar un ejemplo de la relevancia, la tasa de inflación para los últimos 12 meses en Argentina se ubica en un 30-35%, mientras que en Venezuela el aumento de precios en el último año fue de 59%.

Es sabido que los incrementos de precios suelen perjudicar a aquellos que tienen rentas fijas y en moneda nacional (asalariados, pensionados, jubilados, beneficiarios de subsidios) ya que la velocidad con la que aumenta el costo de vida es mayor a la de los salarios. Esto genera que los ingresos fijos queden desactualizados rápidamente en contextos de alta inflación.

Enfrentando este panorama, es necesario revisar en los manuales económicos cuáles son las diversas teorías que pretenden explicar cómo se genera la inflación y – lo más importante – cómo detener estos ciclos de aumento de precios. El objetivo de este informe será investigar cuáles son las características que este proceso inflacionario tiene en los países sudamericanos, y entender si la emisión puede ser su causalidad. Por lo tanto, la teoría a desarrollar es la que sostiene que la inflación se debe al incremento de la emisión monetaria llevado adelante por el Banco Central de la República Argentina (BCRA).

Antes de comenzar, vale la pena aclarar la definición de este último concepto, a fin de evitar confusiones para aquellos que no estén tan en tema. La emisión monetaria es el proceso mediante el cual el Banco Central inyecta dinero en el sistema financiero a través de las denominadas operaciones de mercado abierto. En caso de que la emisión es negativa, esto significa que la autoridad monetaria retira dinero del mercado a través de la venta de bonos, letras o notas financieras.

Retomando el hilo, la teoría presentada en esta ocasión se desprende de la Teoría Cuantitativa del Dinero (TCD), una tautología que asocia directamente a la cantidad de dinero de una economía con el nivel de precios a través de la siguiente ecuación:

MV=PT

M = cantidad de dinero
V = velocidad del dinero
P = nivel de precios
T = cantidad de transacciones

Aplicando los supuestos de que la velocidad del dinero (qué tan rápido los individuos se desprenden de dinero para adquirir bienes) es constante a través del tiempo, y que la economía se encuentra en pleno empleo (T es constante), la ecuación se reduce a una igualdad entre la cantidad de dinero circulante y el nivel de precios. Por lo tanto, desde esta óptica, cualquier aumento de M impactará de lleno sobre P; es decir, un aumento de 5% en la cantidad de dinero circulante causará un aumento de 5% en los precios.

Para la TCD, la causa inequívoca de la inflación es el aumento de liquidez en el mercado, dado que a mayor cantidad de un bien, menor es su precio. Como el dinero es el bien equivalente a través del cual se expresan los precios del resto de los bienes, el aumento en la oferta de este bien no puede expresarse de otra manera más que a través de un incremento en el precio del resto de los bienes.

Para contrastar esta hipótesis, se decidió emplear la información disponible para Argentina a partir de 1944. No obstante, debido a las suspicacias creadas en las cifras informadas del índice de precios al consumidor (IPC-GBA) a partir de la intervención estatal en el ente estadístico del país en 2007, se decidió reemplazarlo con el IPC-San Luis (IPC-SL) en ese período.

La variable dispuesta en el eje de X es el promedio móvil de 36 meses de la variación mensual de la emisión monetaria (tomando M2 como indicador), mientras que el de Y representa el promedio móvil de 36 meses de la inflación mensual. M2 es un concepto económico utilizado para denominar la cantidad de dinero circulante, saldos de caja de ahorro, cuenta corriente y plazos fijos que existan en moneda nacional a determinado momento en una economía.

Gráfico I: Relación entre Emisión monetaria e inflación (Prom móvil de 36 meses)

TCD1

Es claro que existe una relación entre las variaciones de la cantidad de dinero circulante y de los precios en una estructura económica determinada; sin embargo, la coexistencia de dos procesos no presupone causalidad. Y si lo hiciera, ¿cuál es la variable independiente y cuál es la dependiente? En este aspecto, la TCD ha subido la apuesta y sostiene que los cambios en M2 determinan la variabilidad de la inflación.

¿Cómo demostrar que la relación entre ambas variables no es de causalidad? Y, ¿por qué la causalidad debe ser sólo unidireccional? Es decir, ¿por qué la cantidad de dinero es la que determina los precios, y no al revés? Estas preguntas tendrán su respuesta de acuerdo con el punto de vista que asuma el economista. Habrá quienes sostengan que la oferta monetaria puede ser determinada por los Bancos Centrales. Sin embargo, ¿cómo pueden asegurarse que la base monetaria no depende, a su vez, de los precios? ¿Y por último, cómo considerar que el nivel de actividad – en el largo plazo, que es cuando se cumple la relación entre dinero y precios – está anclado en un nivel exógeno, determinado por el nivel de actividad “natural”?

Gráfico II: Relación entre Emisión monetaria e inflación (Prom móvil de 3 meses)

TCD2

El presente gráfico evidencia la relación tendencial que tienen ambas variables (en este caso tomando promedios móviles de 3 meses para evitar alta volatilidad); sin embargo, en cuanto al cumplimiento de la TCD, no puede establecerse que la emisión cause la inflación. En el 25% de los casos, la relación entre una y otra variable es inversa; es decir, frente a incrementos de la emisión monetaria, la inflación disminuye (o al revés). No obstante, esto no significa que la emisión no impacte, sino sería muy fácil crear riqueza a partir de la nada, redistribuir ese dinero y mejorar el bienestar social. Lo que se discute es la naturaleza de esta relación, y a través de qué medio impacta una en la otra, y viceversa.

Lo que sí puede concluirse en este informe es que la TCD no resulta confirmada a la luz de la evidencia empírica, por diferentes razones:

1. El nivel de actividad no está fijo, ni se está en presencia del nivel de “pleno empleo”, como sugieren los economistas neoclásicos. Por ende, el componente fijo de T no está garantizado.
2. El incremento de la emisión monetaria en x% no repercute en la inflación en la misma proporción, en base a lo analizado en el gráfico II.
3. Las sucesivas devaluaciones implican un salto en el nivel de los precios; en caso de estabilizarse el tipo de cambio a posteriori, las alteraciones del tipo de cambio deberían impactar una vez y para siempre en los precios. Dado que la moneda nacional ha sido devaluada en sucesivas oportunidades, introduce un sesgo en el análisis.
4. Los períodos de industrialización generan cuellos de botella y desequilibrios en la oferta de ciertos bienes, lo cual introduce un elemento endógeno que puede explicar – en algún punto – la inflación presente en la matriz productiva argentina. Sin embargo, este elemento no está presente a lo largo de toda la serie, ya que depende de la matriz productiva que se intente desarrollar desde el gobierno nacional. A modo de ejemplo, el período 1976-2001 no presenta esta problemática, ya que el modelo económico propiciado por el Estado no beneficiaba a la industria.

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