El FMI tropieza nuevamente con la misma piedra

Por: Hernán Torre

Mientras la crisis político-militar que está aconteciendo en Ucrania parece no tener fin, y a la par de la escalada bélica por parte de Rusia, el FMI ha anunciado la semana pasada que prestará ayuda financiera al aliado de Occidente en pos de paliar su situación macroeconómica. Es sabido que las arcas públicas del gobierno ucraniano no pasan por un buen momento, lo cual – junto a la crisis de Crimea – desemboca en un contexto de extrema debilidad por parte del gobierno (interino) de Turchinov.

IMF

Los argentinos tenemos bastantes recuerdos del FMI, en especial durante el período de la Convertibilidad, en los cuales las políticas públicas eran digitadas desde las entrañas de este organismo multinacional. Dado que el régimen de paridad establecido entre el dólar y el peso era insostenible debido a la diferencia de productividades, la ilusión del 1 a 1 requería la inyección de fondos que lograran disipar los riesgos de default por parte del gobierno argentino. A cambio, el FMI exigía la puesta en práctica de diferentes ajustes en las partidas presupuestarias, sosteniendo que sólo a través del achicamiento del Estado se lograría reestablecer la estabilidad económica y el crecimiento.

Pese a que la nueva directora del organismo Christine Lagarde sostuvo hace escasos 30 días que el FMI ya no impone ajustes estructurales, la realidad marca otra cosa. La ayuda a Grecia fue mantenida sólo en la medida en que el gobierno heleno realizaba importantes recortes en el gasto público, reduciendo la cantidad de empleados y desactivando programas sociales. En Portugal, el panorama es similar al griego, ya que las ayudas financieras tuvieron como contraparte importantes reducciones en las partidas presupuestarias del gobierno luso.

En base a lo visto, resulta totalmente irresponsable por parte de Christine Lagarde señalar que el organismo multinacional que dirige ya no se entromete en los asuntos internos de los países a los cuales “socorre”. La interferencia en las políticas públicas han generado severos problemas socio-económicos en diferentes países (el nuestro es uno de sus más claros ejemplos).

Siempre que el FMI ha intentado ayudar a algún país miembro, los resultados han sido nefastos, incrementando los riesgos de recesión y desempleo, con los consecuentes efectos sobre la distribución del ingreso y los índices de pobreza. Tal como pinta la cosa, es difícil que esto cambie con los actuales paquetes de ayuda. A menor empleo, menor nivel de actividad y demanda agregada, lo cual refuerza el círculo vicioso al disminuir la recaudación pública y exigir mayores recortes presupuestarios. Es hora de que, en base a la evidencia, el FMI aprenda de una vez por todas.

 

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