La solución a la inseguridad

Por: Hernán Torre

Escribo esta nota entusiasmado porque, al visitar la página web del diario La Nación, encontré la respuesta a uno de los problemas más grandes que enfrenta nuestra sociedad: la inseguridad. Me siento realmente reconfortado de que, de una vez por todas, los argentinos hayamos aprendido de los errores cometidos en materia de política penitenciaria y podamos comenzar a implementar esta medida que nos permitirá a todos estar un poco más tranquilos. Para no andar con misterios, me refiero al artículo que escribió Orlando Ferreres el día miércoles en el diario La Nación, titulado “Economía e inseguridad”.

El economista titular de la consultora que lleva su nombre señala que la causa del fracaso de la polìtica de seguridad y del sistema penitenciario (agravado en los últimos tiempos por la fuga de gran cantidad de presos) se reduce a que en el país no se alcanzó el ratio presos sobre población “natural”. Por lo tanto (escuchen Cristina, Macri, Berni, Agustín Rossi y demás interesados), para poder poner fin a la ola de inseguridad que aqueja a nuestro país, la solución es igualar el ratio presos/población que tienen países como Brasil o Uruguay, dado que tienen “pautas de comportamiento social y cultural muy semejantes a las de la Argentina”. Sí, así como leen, la solución al problema de la inseguridad está en meter presos “a lo pavote”. ¿Importará la política penitenciaria y las actividades que se realizan del sistema carcelario para adentro?

Pareciera que no es el caso con Ferreres; sólo tiene que cerrar el número, asimilar el ratio presos/población a la tasa natural, y la inseguridad será parte del pasado para todos nosotros. Este es el problema de aplicar un análisis reduccionista a una problemática tan compleja como el incremento de la delictividad (y el grado de las agresiones perpretradas); moviendo una sola variable no se va a conseguir apaciguar el problema. Si bien Ferreres destaca esto, incurre en algunos errores producto de prejuicios (que en algunos casos son admitidos por él mismo):

  1. El primero ocupa todo un párrafo y sostiene que la delictividad se debe a la pobreza en la que se sumergió nuestro país durante los últimos 30 años. De acuerdo con Ferreres, cuantos más pobres haya, mayor índice de delite habrá. Y es algo que parece razonable: a menor riqueza, menores posibilidades de dedicar tiempo a una educación de calidad y mayores urgencias que deben ser paliadas a través de algun tipo de ingreso. Sin embargo, al final de dicho párrafo, el mismo Ferreres se desdice al sostener que la pobreza es el culpable de sólo el 10-12% de la delincuencia. Entonces, ¿qué tipo de sustento puede recibir todo lo dicho anteriormente, si luego va a refutar sus propias observaciones?
  2. Otra inquietud que tengo al leer la nota es cuál es el fundamento que utiliza Ferreres para suponer que la situación de inseguridad es más relajada en Brasil y Uruguay, respecto de nuestro país. De acuerdo con diferentes estadísticas publicadas por la UNODC (organización de las Naciones Unidas encargada de promover acciones contra el crimen y la drogadicción ), nuestro país se encuentra en mejores condiciones que los mencionados países en lo que compete a la tasa de homicidio y robos, y alcanza tasas similares (aunque falta información para nuestro país) en lo que respecta a otros tipos de delito enunciados por la organización.

Como prueba de lo anterior, se adjuntan los siguientes gráficos, que permiten dar cuenta de la mejor situación del país respecto de los “buenos vecinos de los que deberíamos aprender”.

Gráfico I: Evolución de la tasa de homicidios cada 100 mil habitantes

homi

Gráfico II: Evolución de la tasa de robos cada 100 mil habitantes

rob

Al adjuntar estos gráficos, la idea no es justificar que “estamos en un país maravilloso en el que no existe el delito”, sino que lo único que intento es refutar esta idea de que es necesario importar las políticas de justicia desarrolladas en Brasil y Uruguay. A su vez, un dato que Ferreres ignora es el hecho de que no existe capacidad para alojar más presos en las cárceles de nuestro país. Es más, las mismas se encuentren sobreocupadas en un 1.5%, ya que existen 61192 presos (datos de 2012 del Informe de SNEEP) cuando la capacidad es de 60240.

Es bastante irresponsable señalar que la cuestión de la inseguridad se soluciona con mayor cantidad de presos, sin realizar ningún otro diagnóstico de índole social y judicial. No se dice nada acerca de los plazos que tiene hoy en día la justicia, ni de la labor de los jueces, ni los presupuestos asignados para los juzgados ni de las condiciones en las que intentan “rehabilitarse” los reclusos. Hallamos edificios atestados de abultados expedientes, en riesgo edilicio por inundaciones, derrumbe y condiciones no propicias para tal menester.

Por lo tanto, la opinión de Ferreres en este artículo me parece sólo una jugada para un público muy reducido consumidor del Diario La Nación, intentando venderles una solución mágica y rápida de que sólo encarcelando 50 mil personas más se termina la inseguridad. Antes que ésto, debería debatirse a nivel social si la gente pretende una concepción de la cárcel como reencauzadora de la vida para aquellas personas que tomaron malas decisiones creando perjuicio para el bienestar social, o si se la convierte – tal como es ahora – en un castigo que termina degenerando aún más las conductas de los reclusos.

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4 comentarios en “La solución a la inseguridad

  1. Nuevamente Hernán coincido con tu punto de vista. Se trata de un caso de reduccionismo. Te paso mis ideas sobre el tema bien resumidas:

    1- El número de presos no necesariamente debe reducir el nivel de delincuencia. Al razonar así se está deduciendo causalidad de una simple dependencia estadística. En realidad, podría ocurrir que a mayor nivel de delincuencia mayor sea el número de presos per cápita. Es decir, como pasa casi siempre en econometría, no sabemos qué variable condiciona a cual. ¿Son las cárceles las que reducen la delincuencia, o es la delincuencia la que hace incrementar las cárceles?

    2- El tema del enforcement es algo a considerar. Un país que premia el delito y la vagancia y castiga al trabajo honrado de seguro que incentiva la delincuencia. Ahora, esto no tiene nada que ver con las clases sociales, sino con el carácter de la economía. Argentina es un país con un nivel institucional muy bajo, tenemos alta corrupción, y nuestra cultura del trabajo es baja (el que labura menos es más “vivo” que el que se esfuerza más). Para resolver este problema propongo pensar en el carácter rentista de nuestra economía. No me voy a explayar sobre este tema.

    3- La cuestión de la pobreza. ¿Es la pobreza fuente de delincuencia? Veamos. Que los que roban entren a la cárcel y después salgan no es un problema de las villas miseria, sino de la corrupción policial, judicial y política. Esto significa que las leyes están, pero no se cumplen. Con más gente presa, más balas para todos y mayores condenas no se va a solucionar el problema de la delincuencia. El problema es institucional, y por ende, económico. Entonces, reformulemos la cuestión: ¿Es la pobreza fuente de delincuencia? Si el país es pobre, tiene bajo crecimiento, y por ende baja recaudación impositiva tal que la mayor parte de la administración federal deba vivir de la corrupción, entonces sí. Pero como vemos, no son los ciudadanos pobres los culpables, sino la burocracia y el entramado institucional. Sostengo que la pobreza económica sí influye en el aumento de la delincuencia, pero por pobreza económica entiendo la falta de financiamiento de una administración federal eficiente, y no a los pobres que no tienen nada que ver. Veamos el ejemplo de la URSS: cuando ésta colapsó, la mayor parte del sistema impositivo se mermó, obligando a efectivos policiales y militares a “pasarse” al bando de la mafia. Es así que en los 90, la trata de blancas, el tráfico de heroína y el tráfico de personas se multiplicaron por diez en Rusia y las antiguas repúblicas soviéticas. Ahora, ¿qué culpa tuvieron los pobres? Ninguna. En el URSS de los 60 quizá había mucha más pobreza que en la Rusia de los 90. El problema era que antes el Estado tenía fondos para mantener el orden y comandar a las fuerzas de seguridad. Cuando el país colapsa en el 91, el gobierno simplemente dejó de ser el “jefe” de las fuerzas de seguridad.

    Saludos.

  2. Fueron varias personas las que mostraron su descontento con esta nota de Ferreres. Metodológicamente es espantosa, apunta a prejuicios bastante discutibles, nos hace creer que Uruguay y Brasil son la meca de la seguridad y nosotros el Eje del mal. Nuevamente no justifico la situación actual, es una mezcla de carencia de educación y falta de acción de la justicia, entre muchas otras cosas.
    Con respecto a los puntos que resaltas en tu comentario, creo que los dos primeros son muy interesantes. Habría que reflexionar acerca de qué rol cumple la cárcel:¿es un lugar para que “se pudran por cometer delitos” o es una lugar donde se pretende reintroducir a esta gente dentro de una sociedad?

  3. Peor es que manejen la educacion de la misma forma, y NADIE dice nada. La gente en la secundaria pasa de año y se recibe por estadistica, en vez de por merito. Por favor. Esto es una nimiedad al lado de eso. Y si, ferreres tiene razon en decir que falta gente presa. Que haya que mejorar el sistema, para que se parezca mas a una escuela en vez de una tumba, es otra cosa (y muy cierta).

  4. Gracias por tus comentarios Romu. La idea básica del texto es demostrar que no es posible hallar soluciones a partir de ciertos prejuicios (que hasta el mismo Ferreres acepta y confirma que no se ven reflejados en la realidad), sino haciendo una crítica de la situación. Aceptar que la “coyuntura es multifacética” no debiera llevarnos a complejizar tanto la cuestión de hacerla indiscutible o insolucionable; creo que en Argentina ocurre eso.
    La crítica a Ferreres se centra en el reduccionismo brutal que hace, al señalar que ajustando la proporción de reclusos de 0.15% a 0.27%, la cosa cambiará de buenas a primeras. Esto no es así.
    Hace falta reformar enormemente el sistema penitenciario, adaptándolo al siglo XXI y considerando que la idea es que el preso se readapte. Si esto no es así, las condenas deberían ser de por vida, ya que es probable que – en estas condiciones – todos los que están en una cárcel saldrán peor de lo que entraron.
    Con respecto a la educación, es un tema que prefiero no comentar a la ligera. Si bien en terminos cuantitativos el gobierno ha cumplido las metas (6% del PBI), en términos cualitativos, la política deja mucho que desear. Prefiero comentarlo detalladamente y con argumentos sólidos en un próximo artículo.

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