¿Ortodoxia o pragmatismo?

Por: Hernán Torre

Mientras preparaba un post sobre inflación para responder al post del blog amigo Estructura Desequilibrada, me encontré con un interesante artículo que CENDA (Centro de Estudios para el Desarrollo Argentino) publicó el 24 de abril de 2011 en el diario Página 12. A este centro de estudios pertenece Axel Kicillof junto a diferentes economistas que, con la llegada del actual Ministro de Economía, lograron ocupar diversos cargos en el gobierno (Augusto Costa, Emanuel Alvarez Agis, Cecilia Nahón, Federico Marongiu entre otros). A partir de 2004 realizaron una serie de publicaciones en las que analizaban diferentes aspectos de la economía argentina, donde pueden encontrarse reflexiones de gran valor sobre la Convertibilidad, la crisis del 2001, la reestructuración de la deuda argentina y el modelo económico kirchnerista.

En esta ocasión, no obstante, me gustaría compartir dos párrafos de la nota en cuestión (“La pelea por los precios”) que denotan, no sólo que a veces el archivo nos puede jugar en contra (a todos), sino también que las medidas que una economía puede necesitar dependen fundamentalmente de las condiciones coyunturales, así como también de la situación en la que se encuentren las principales variables macroeconómicas. El artículo comienza relatando cuáles han sido las principales respuestas que la denominada ortodoxia ofrecía frente a la cuestión inflacionaria en 2011:

“Antes que nada, por vocación monetarista, reclaman la restricción de la emisión de dinero y del crédito, junto con el aumento de la tasa de interés. Al mismo tiempo, exigen poner a raya el presuntamente descontrolado crecimiento de la economía, enfriando la actividad mediante la reducción del gasto público. Por último, exigen que el Estado controle la presunta causa de la inflación que más fastidio les provoca: los aumentos de salarios. En este punto, los propios liberales se olvidan de las supuestas virtudes del libre mercado y claman por un Estado activo en la represión salarial.

Este es el porqué del alborozo de la ortodoxia: según su recetario, un gobierno comprometido con la batalla antiinflacionaria debe implementar una férrea política de ajuste: monetario, fiscal y salarial. Lógicamente, se trata de una forma de revertir las actuales tendencias de la política económica, restringiendo la intervención del Estado en la economía y reduciendo la participación de los asalariados en el Producto. Así, bajo el disfraz del combate contra la inflación, lo que pretenden es introducir por la ventana las mismas políticas que la sociedad repudió en las calles y en las urnas.”

Con esto no quiero caer en la posición fácil y corriente de criticar economistas en base a si son monetaristas, heterodoxos o marxistas, ya que no existe una teoría capaz de explicar la realidad todo el tiempo y en todos los lugares. Las teorías deben amoldarse a la realidad , y no al revés. Por lo tanto, las políticas públicas no son exitosas de por sí, sino que su éxito depende de que se amolden a determinada situación en determinado contexto. Parte del razonamiento que justifica esta posición puede repasarse en el post sobre Krugman, en el cual el mismísimo ex Premio Nobel plantea argumentos a favor de esta posición.

Por lo tanto, en base a lo que estamos viendo hoy en día en la actualidad económica y política argentina, caeríamos en un grave error si señaláramos que Axel Kicillof y el resto de su equipo económico son ortodoxos o monetaristas. A pesar de que durante su gestión el BCRA llevó a cabo la devaluación del peso (llevándolo de $6 a $8), se comenzó a repensar el gasto público a través del retiro gradual de subsidios y se está intentando acotar el incremento de los sueldos en paritarias, esto no debería llevarnos a la falsa conclusión de que es ortodoxo, a partir de los parámetros presentados por el CENDA hace 2 años.

Gráfico I: Evolución de la tasa de LEBACs y montos aceptados (en millones)

Lebac

En una entrevista a Agustín D’Attellis en Radio Metro, Juan Pablo Varsky preguntó si el equipo económico había adoptado un viraje hacia la ortodoxia. El economista, rápidamente, sostuvo que el accionar del gobierno constaba de medidas pragmáticas. Déjenme estar de acuerdo con el economista de La Gran Makro en su declaración. En esta situación de apremio financiero, el país debería dejar de lado las cuestiones pequeñas de si es ortodoxo, heterodoxo, marxista o pos-keynesiano: debe centrarse en lo que mayor beneficio le reportará a sus habitantes. El objetivo de este post es demostrar que hasta los más acérrimos defensores de determinadas ideologías (como lo es Kicillof con el keynesianismo) deben tomar la realidad como dada, y no su teoría o sus políticas. En algunas situaciones, será conveniente realizar políticas expansivas “à -la-Keynes”; en otras, será necesario ajustar variables atrasadas y esperar que se reacomoden los precios relativos.

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