Macroeconomía del Populismo

Por: Hernán Torre

Quedó un tema en el tintero respecto del post en base a Krugman, por lo que haré un desarrollo de la macroeconomía del populismo, en referencia a un paper escrito por Rudi Dornbusch y Sebastián Edwards. Ambos economistas desarrollan una interesante hipótesis acerca del camino que utilizan los países de América Latina en pos de alcanzar cierto grado de desarrollo y bienestar social. Creen hallar un patrón en cuanto a las políticas públicas llevadas a cabo por los gobernantes de la mayoría de los países.

En el paper escrito para el Banco Mundial (Dornbusch y Edwards, 1989), advierten acerca de la existencia de ciertas características generales, a partir de las cuales crean un marco teórico desde el cual estudiar lo que llaman “populismo”. Denominan populismo al enfoque económico que presta mayor importancia al crecimiento económico y la distribución del ingreso, frente al riesgo de inflación y déficit financiero, restricciones externas y a las reacciones de los agentes económicos a políticas agresivas por parte del Estado.

Para dar comienzo al análisis de la macroeconomía latinoamericana, lo primero que se encargan de destacar es la presencia de ciertas condiciones iniciales que posibilitan la adopción de las políticas públicas populistas. Estas permiten que, dado el contexto social y económico, las medidas cuenten con legitimidad tanto de parte de la sociedad en general, como de los políticos en particular. Este elemento invocado como las condiciones iniciales, no es ni más ni menos que el detalle de la coyuntura de los países estudiados en determinado momento. Cabe destacar que el proceso de la macroeconomía populista está dividido en cuatro diferentes etapas, fácilmente distinguibles entre sí debido a los principales fenómenos económicos y sociales que acontecen.

La primera representa el período de bonanza del denominado populismo; en ésta existe crecimiento del nivel de actividad a través de una fuerte presencia del Estado en el ámbito económico, lo cual fomenta el empleo y, con éste, el incremento de poder por parte de los sindicatos y el salario real. Dado que el período anterior estaba signado por la recesión y la desutilización de gran parte de la capacidad instalada, la consiguiente recuperación económica no causará una disparada de los precios debido a la existencia de recursos ociosos. Este proceso representa la fase en la que la mayoría de los actores sociales aprueba la política populista, ya que los conflictos sociales no abundan y, lentamente, tanto la tasa de ganancia como el salario de los trabajadores inicia una recuperación respecto del ciclo anterior.

En la segunda fase, ciertos sectores económicos comienzan a experimentar fenómenos de “cuello de botella” debido a problemas para igualar el ritmo de crecimiento de la oferta con el de la demanda. Esta imposibilidad estaba dada por el alto requerimiento de divisas para financiar los proyectos de inversión en infraestructura; la disponibilidad de moneda extranjera con las cuales hacer frente a las importaciones comenzaba a complicarse. Frente a esta situación se da inicio al proceso de ajustes de precios, trayendo a debate nuevamente la problemática de la inflación, lo cual obliga a los sindicatos (con considerable poder de negociación por la caída del desempleo) a impulsar la apertura de paritarias que permitan recuperar los niveles de salarios reales vigentes.

Los intentos previos de contención del aumento generalizado de precios no habían funcionado: los controles de precios eran vulnerados y los subsidios representaban una mochila cada vez más pesada sobre las finanzas públicas, llevando al Tesoro Nacional a terrenos de déficit fiscal. El inicio de los conflictos por la competitividad de ciertas industrias lleva a que comiencen los reclamos devaluatorios por parte de empresarios, como así también de medidas de protección arancelaria para reforzar el posicionamiento de los productos nacionales por sobre los importados en el mercado interno. Por otro lado, se imponen controles sobre los capitales, tendientes a evitar la fuga de los mismos, intentando asegurar la provisión de divisas al servicio de la industrialización local.

El tercer período del análisis se caracteriza por la disparada de la inflación y el crecimiento de la brecha cambiaria, debido a la presencia de restricciones en la compra de divisas por parte del sector privado. Esta diferencia entre el tipo de cambio oficial y el paralelo está íntimamente vinculada con la fuga de capitales y la consecuente desmonetización de la economía. El déficit fiscal empeora por la emergencia de una economía paralela que no reporta ingresos tributarios y por el peso creciente de los subsidios, destinados a contener la inflación. El gobierno intenta equilibrar las cuentas públicas a través de un recorte de éstos y de una devaluación de la moneda nacional mayor que la inflación. Esta política provoca el desplome de los salarios reales, lo cual golpea fuertemente al consumo de las familias, afectando el humor social.

La última fase descrita comienza con la asunción de un nuevo gobierno, el cual diseña un plan de estabilización – generalmente, con la ayuda del FMI y demás organismos internacionales-. El retorno de la aplicación de la política macroeconómica recomendada por la ortodoxia machaca nuevamente al salario real de los trabajadores, a un nivel incluso inferior al que tenían antes del inicio del ciclo populista.

El desenlace de la experiencia populista encontrará a los países que la llevan a cabo en peores condiciones al iniciar un nuevo ciclo de expansión de la actividad económica. El diagnóstico está basado en las consecuencias que acarrean tanto la caída de los niveles de inversión sobre el ingreso, y de la fuga de capitales.

¿Les suenan conocidas algunas de las cosas que dijeron Dornbusch y Edwards hace casi 25 años?

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5 comentarios en “Macroeconomía del Populismo

  1. Lindo artículo. Muy bueno Hernán.

  2. Lo que escribí es un mero resumen del paper. Hay una adaptación que hace Federico Sturzenegger para el caso argentino de los ’70, pero a mí personalmente no me gustó para nada. Por eso decidí comentar brevemente sobre la tésis de forma general.
    Ojalá que no se repita la película de recesión, crisis y viraje hacia la ortodoxia, aunque cada vez se complica más el panorama – al menos, visto desde mi óptica.
    Hoy en día creo que se necesita un sinceramiento del gasto público, una reevaluación de las partidas, para priorizar algunas con respecto a otras. La opinión de Juan (Best Seller) me interesaría muchísimo en este aspecto.
    Saludos

  3. En realidad lo que se deriva de este artículo es que la causa primaria de la inflación está en el mismo proceso de crecimiento. “Crecer demasiado” sería el problema original, que después no hay forma de solucionar en la medida que todos piden aumentos y protección para sus actividades. Es como si en vez de “auto-enfriarse”, el sistema tendiera a expandirse aún más ante señales de leve inflación. Esto genera que la inflación se acelere y después se genere una lucha de todos contra todos por redistribuirse los bienes cada vez más escasos. Entonces se mezcla todo lo que conocemos: sobre-emisión por parte del gobierno, subas de precios exageradas de los comerciantes para “aprovecharse” de la situación. Recién en esta instancia empiezan a pelearse los liberales contra los “no tanto” por decir quién es el culpable, si el gobierno o las empresas. Pero más allá de esta cuestión, el problema inflacionario sigue estando en el crecimiento mismo, por lo que ninguno de los debates actuales parecen superadores. Esto no es un problema ni del gobierno “gastador” ni de los “empresarios tiranos”. Hay muchos paises (Ejemplo EEUU) que poseen monopolios, gobiernos deficitarios y populistas (obama) y cuellos de botella y a pesar de ello logran controlar la inflación. El problema Argentino no es K, es histórico, repetitivo y grave.

    Propongo que algún día se comente algo sobre las teorías de crecimiento equilibrado. Es como una especie de “proteccionismo planificado”. Es muy interesante y pareciera ser lo que practican las naciones potencia para superar estos cuellos de botella. Si no es así, vale la pena por lo menos echarle un vistazo a estas teorías.

  4. Los ciclos económicos siempre tienden a autoexpandirse debido a la búsqueda de maximización de ganancias del capitalista. Por lo tanto, si los empresarios perciben que hay espacio para una mejora en las ganancias, incrementarán sus inversiones en pos de ganar mercado y, con ello, incrementar la masa de beneficios.
    Esto también le conviene a los políticos, ya que a mejor situación económica, mayor será el índice de empleo, y mayores serán las posibilidades de ser reelectos por la gente. Por lo tanto, es difícil esto de “enfriar” la economía. Siendo objetivos, si uno fuera político – y partiendo de una situación en la que el desempleo es (por ej) 12% – ¿levantarías el pie del acelerador o seguirías expandiendo la demanda agregada para reducir paulatinamente ese número?

    Con respecto a la propuesta de hacer un comentario sobre las teorías de crecimiento equilibrado, tendría que pegarle una leida. Me acuerdo que lo vi en la UBA, pero no vendría mal una refrescada.

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